Nicolás entra en escena, de Joaquín Giannuzzi.


Cuando corre hacia mí
mi cansada osamenta responde
con un espasmo emocional. Así que
bienvenido a esta escena
donde los títeres se apalean
por razones que ignoras tanto como yo.
Pero de todos modos alcanzaré a ser
el primer fracaso de tu vida
y tu primer sospechoso. No te molestes
en desmentirlo, considera este final
como un detalle en el curso de las cosas,
un accidente que ayudará a marcharme
antes de que me pidas explicaciones
por este tumulto. Agradezco tu llegada:
quizás oculte la promesa de entender
lo que fue secreto para mí,
poeta de oscuro oído que no percibe el rumor
de un sistema coherente de realidad.
Desde mi último sillón asisto
a tus asombros. En tus ojos voraces
apuntan los titubeos prenatales
de un mundo que no me pertenece.
El mío se deshace, estupefacto
sobre los escombros de su propio centro.
Despide entonces a mi siglo con piedad.
Ahora tu oportunidad consiste
en cuidar el tuyo y tu cerebro,
mientras amaneces
y mi herencia son todas tus preguntas.



[2] Babel, de Jesús R Peinado


[ 2 ]

Es ya una rutina
el grito,
la amargura
y el desencanto.

Se ha hecho angosto
el camino
que lleva de tu boca
a la mía,
y hay señales
de prohibido, de trampas
y de emboscadas.

Habrá que cortar un cable,
qué sé yo.

Jesús R Peinado

[2], del poemario Babel



Poesía, de José Corredor Matheos


La poesía surge de la necesidad,

es tu subconsciente. Es imposible

hacer un poema con voluntad.

José Corredor Matheos



Los perros románticos, de Roberto Bolaño.


roberto-bolano

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.



En el camino, de Kerouac


Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

“En el camino”

Jack Kerouac



Uno no escoge, de Gioconda Belli


Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.

Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
pero debe dejar huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.

Nadie puede taparse los ojos, los oidos,
enmudecer y cortarse las manos.

Todos tenemos un deber de amor que cumplir,.
una historia que nacer
una meta que alcanzar.

No escogimos el momento para venir al mundo:
Ahora podemos hacer el mundo
en que nacerá y crecerá
la semilla que trajimos con nosotros.

Gioconda Belli



El hombre imaginario, de Nicanor Parra



El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Nicanor Parra



Confesión, de Charles Bukowski


Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama

Me da tanta pena
Mi mujer

Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:

“!Hank!”

Hank no
Responderá.

No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.

Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado

Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido

Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:

Te amo.

Charles Bukowski



Unforgiven, de Antonio Gamoneda



Cuando tamaño significa

lo grande

y lo pequeño

Tamaño insistente, impune

de la saciedad

Tamaño de la tierra firme

Tamaño de los asesinos

tamaño de los clientes

tamaño de los alguaciles

El tamaño grita

fanfarronea

o chilla

tamaño de las Armas de los cazadores de recompensas

tamaño de los Miembros Viriles de los clientes del burdel

tamaño del Orden Establecido

pantano

aquella humana hilaridad

de la putita.

Antonio Gamoneda



expresiones


Hay quien se expresa escribiendo
hay quien se expresa tocando
hay quien se expresa cantando
yo me expreso follando
como no follo
no hay quien me entienda.

Jesus Peinado y Víctor Mesa



el cuento de la marioneta coja


castillo_inv
salté cinco veces

creí que eran suficientes
para poder morirme de risa

me equivoqué

aún me hacia falta
un salto más.

.

.

.

.

.

.

.

Victor Mesa



Nuestros poemas, de Ernesto Cardenal


Nuestros poemas no se pueden
publicar todavía

Circulan de mano en mano
manuscritos

O copiados en mimeografo
pero un día

se olvidará el nombre
del dictador contra quien
fueron escritos,

Y seguirán siendo leídos.

Ernesto Cardenal



Pequeña confesión


En memoria de Serguei Esenin


Si, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.


En medio del camino de la vida
Vago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
-ese deseo que le viene a todo el mundo-
pero preferí mirar una pistola
la única amiga que no nos abandona.


Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.


“Es mejor morir de vino que de tedio”
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
Cuando se gastan los codos en los mesones.


Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.


El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.


Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.


Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones

Jorge Teillier



En el pueblo


“Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos”

Jorge Teillier

volveré tuerto
y con los arañazos de mil gatos en mi espalda

los cuentos se me saldrán de las venas
barajaré las cartas sobre la mesa y perderé el tiempo que se me antoje
en cabalgar sobre las líneas
de los nuevos poetas de mediados del s. xxi

mordisquearé una tostada
saldrá el humo mientras blasfeme
y escupa sobre los periodicos

luego me descojonaré de risa de todo.

Victor Mesa



Bienvenida, de Mario Benedetti


Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabés
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgia
tú nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro en la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.

Mario Benedetti