En el camino, de Kerouac


Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

“En el camino”

Jack Kerouac



Desde Aqui, de Antonio Iñigo


    

     Casi siempre nos entregábamos a la bebida sin motivo aparente. Hablábamos y reíamos. Pero sobre el logos se imponía el phatos. Yo llenaba tu copa y tú la mía. Nos animábamos mutuamente para seguir bebiendo. Tómatelo de un trago. Tonto el úlimo.

     No era durante esas noches preestablecidas en las que todo el mundo se vuelve loco. No había cita. Tú llamabas, o llamaba yo. A nuestro alrededor algunos ojos, pocos, de jueces. Tristes por no poder condenar, adormecidos, ejercían su vocación de doctores de la moral. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y nosotros estábamos en la ceguera total de alcohol y palabras. Teníamos sed.

     La vida entonces sólo era un foco que nos iluminaba a los dos. Lo demás, aunque existía y lo sabíamos, era sombra y silencio. Ningún remordimiento. Beber, embriagarse, vivir en un escenario de luz. 

     La claridad del día nos pillaba dormidos en lugares distintos, separados. El paso del tiempo lo marcaban esos encuentros que parecían ejercicios para borrarlo. Vivir era también morir, pero nunca imaginamos que pudiera ocurrir tan pronto.

Antonio �?ñigo

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