El hombre imaginario, de Nicanor Parra



El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Nicanor Parra



Confesión, de Charles Bukowski


Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama

Me da tanta pena
Mi mujer

Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:

“!Hank!”

Hank no
Responderá.

No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.

Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado

Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido

Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:

Te amo.

Charles Bukowski



Unforgiven, de Antonio Gamoneda



Cuando tamaño significa

lo grande

y lo pequeño

Tamaño insistente, impune

de la saciedad

Tamaño de la tierra firme

Tamaño de los asesinos

tamaño de los clientes

tamaño de los alguaciles

El tamaño grita

fanfarronea

o chilla

tamaño de las Armas de los cazadores de recompensas

tamaño de los Miembros Viriles de los clientes del burdel

tamaño del Orden Establecido

pantano

aquella humana hilaridad

de la putita.

Antonio Gamoneda



expresiones


Hay quien se expresa escribiendo
hay quien se expresa tocando
hay quien se expresa cantando
yo me expreso follando
como no follo
no hay quien me entienda.

Jesus Peinado y Víctor Mesa



el cuento de la marioneta coja


castillo_inv
salté cinco veces

creí que eran suficientes
para poder morirme de risa

me equivoqué

aún me hacia falta
un salto más.

.

.

.

.

.

.

.

Victor Mesa



Nuestros poemas, de Ernesto Cardenal


Nuestros poemas no se pueden
publicar todavía

Circulan de mano en mano
manuscritos

O copiados en mimeografo
pero un día

se olvidará el nombre
del dictador contra quien
fueron escritos,

Y seguirán siendo leídos.

Ernesto Cardenal



Pequeña confesión, de Teillier


En memoria de Serguei Esenin


Si, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.


En medio del camino de la vida
Vago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
-ese deseo que le viene a todo el mundo-
pero preferí mirar una pistola
la única amiga que no nos abandona.


Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.


“Es mejor morir de vino que de tedio”
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
Cuando se gastan los codos en los mesones.


Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.


El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.


Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.


Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones

Jorge Teillier



En el pueblo, de Victor Mesa


“Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos”

Jorge Teillier

volveré tuerto
y con los arañazos de mil gatos en mi espalda

los cuentos se me saldrán de las venas
barajaré las cartas sobre la mesa y perderé el tiempo que se me antoje
en cabalgar sobre las líneas
de los nuevos poetas de mediados del s. xxi

mordisquearé una tostada
saldrá el humo mientras blasfeme
y escupa sobre los periodicos

luego me descojonaré de risa de todo.

Victor Mesa



Bienvenida, de Mario Benedetti


Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabés
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgia
tú nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro en la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.

Mario Benedetti



Haiku #1, de Matsuo Banshoo


No sigas las huellas

de los antiguos

busca lo que ellos buscaron.

Matsuo Banshoo



Huída, de Jesús R Peinado


Me volví a la espalda y tomé aire, al tiempo,
del modo en que los deportistas afrontan un sprint.

Me vi sin causa, un segundo después,
recorriendo senderos de desierto,
frené en seco y miré atrás: nadie.


Observé al poco, roseta de vientos en mano,
y nadie parecía quedar vivo.


Y comprendí que los hombres huímos del mundo,
para acto seguido huir a buscarlo de nuevo.

Jesús R Peinado

Inédito



Stop: nociones para escribir con una metralleta


Victor y yo queremos avisar y dar una noticia: tras el poemario  “Café en la avenida”, que fue escrito a medias entre los dos en Mayo de 2008, llega “Stop: nociones para escribir con una metralleta”, un poemario escrito igualmente a cuatro manos y sin demora en una noche de septiembre, en el Pub la Escuela de autores en Jaén.

El poemario consta de 14 poemas repartidos entre los dos, y podéis acceder a él pidiendolo por correo electrónico a jesusrpeinado(at)gmail.com . Os dejo la portada y espero que os guste.

stop.Portada

PD para profanos: en el correo electrónico (at) es igual que @; es para evitar spam.

JesúsR y Víctor



Unicornio, de Víctor Mesa


los poetas trasnochamos, bailamos, jugamos….
pero no cazamos unicornios
consideramos más ético
que pasten
incansables
donde les plazca.

tu unicornio tiene alas
y planea por encima de los edificios
buscando insaciablemente a James Dean

luego galopa y galopa
en busca de alcohólicos poetas
que manifiesten su libertad…

no quise cazar un unicornio
aunque lo tuve ante mis ojos,

p.d. el unicornio te manda besos.

“De unicornios, dragones y tatuajes entre otros…” (2006)
Víctor Mesa



Cambio de imagen y nuevo compañero


Como habéis podido ver, el blog ha sufrido un cambio de imagen profundo. Los tiempos cambian, y variar es bueno. El nuevo aspecto se debe al tema Daydream de JWay, modificado por un servidor y adaptado al castellano. Además, poco a poco se irá introduciendo en el blog Victor Mesa, un amigo y compañero de poesía desde hace años. Le veréis aparecer por acá en pocas semanas, quizás días.

Saludos a todos, y se admiten opiniones sobre el cambio de aspecto.

JesúsR



Ayer te besé en los labios, de Pedro Salinas


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no…
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas